La forma más fácil de entender el inicio del capítulo es remontándonos a los dibujos que hacíamos cuando éramos pequeños aunque eran muy básicos representaban la forma de todo lo que veíamos. A medida que vamos creciendo vamos mejorando en el dibujo para darle un toque más realista y más adelante se recurren a elementos como la abstracción. No obstante, esto no sólo en la pintura, en mi caso siento que mi forma de mostrar el mundo es por medio de la fotografía; a medida que voy aprendiendo me doy cuenta que mejoro pero que también puedo jugar con muchos otros elementos como el tiempo de exposición, el flash, entre otras cosas. No solo eso, si se aprovechan programas como Photoshop, se puede crear muchas más cosas. En el momento en que se tiene todo eso se puede hacer cualquier cosa que deseemos.
Por este motivo, dentro de la fotografía también se pude manejar el tema de la abstracción. En ella, lo que se hace es desglosar el significado y el significante. Una vez hayamos hecho esto, tenemos que comenzar un proceso en donde se reflexiona que es lo que nos hace sentir el objeto y cómo podemos representarlo. Finalmente, se pasan esas ideas al papel, lienzo, cámara o al objeto que vallamos a intervenir (Medina, 2012). Por ejemplo, el primer semestre, en mi clase de composición visual, hicimos este ejercicio con la palabra pupitre. Mientras hablábamos sacamos la conclusión de que nos hacen sentir atrapados; a partir de esto decidimos representar esta sensación en un corsé. Como vemos la abstracción consiste en alejarnos de la forma principal del objeto y mostrar cómo nos hace sentir.
Las fotografías pueden ser igual de útiles que los mapas y los relojes. “Cuanto más consultaba la gente aquellos mapas, más entrenaban su mente para comprender la realidad basándose en ellos y en su lenguaje” (Carr, 2011, pág. 58). Las fotografías, nos permiten ver una parte de una realidad, aunque no es objetiva, puesto que, una fotografía está sujeta al encuadre del fotógrafo, a la angulación y al tratamiento que se le dé a la luz, color y edición.
El reloj también cambio nuestra forma de ver y manejar el tiempo. Nosotros no podemos ver el cambio, pero autores como Alejandro Vivas Benítez en su libro Tiempos desnudos, no acercan un poco a ese momento. En uno de los capítulos el autor nos cuenta la historia del bisabuelo de Santiago, que trata de luchar contra los relojes, pues los están observando constante mente, contando las horas y los segundos, recordándoles a todos que la muerte se acerca y burlándose de ello, puesto que ellos son seres infinitos que no van a perecer . Es cierto, el reloj nos recuerda cuanto tiempo nos queda y nos hace pensar si ese tiempo, que ya paso, lo “perdimos” o fue “productivo”. ”Los cistercienses dieron un nuevo énfasis a la puntualidad, dividiendo el día en una secuencia de actividades reglamentadas y considerando cualquier retraso o pérdida de tiempo como una afrenta a Dios” (Carr, 2011, pág. 59). Es tanto el énfasis que se le da a la puntualidad que si no tenemos reloj, tratamos de medir el tiempo de otras maneras. Por ejemplo, yo a veces mido el tiempo por el número de canciones que he escuchado, durante un recorrido o calculo cuanto tiempo llevo en el bus por el lugar en el que voy. No obstante, dejo todas estas cosas de lado cuando estoy en vacaciones, debido a que ya no tengo horarios que cumplir.
Bueno volviendo al tema de la tecnología, Nicholas Carr, nos plantea que en ella nos podemos ver reflejados, sobre todo podemos ver nuestro deseo de poder y control sobre nuestro entorno. Por ejemplo, la píldora anticonceptiva (tecnología del tercer grupo), nos permite hacer modificaciones con base en nuestros deseos. No solo eso, la tecnología nos permite superar nuestros límites físicos, como el avión (tecnología del primer grupo), o el microscopio (tecnología del segundo grupo). Asimismo, tecnologías como el internet (tecnología del cuarto grupo) nos permiten expandir nuestro conocimiento.
La discusión está en que estas tecnologías nos cambian, nos vuelven más perezosos. Los dispositivos con internet no solo nos ahorran el trabajo de buscar la información, también nos evitan pensar; y a veces gracias a la inmediatez de estos medios comenzamos a economizar caracteres. En consecuencia, nuestra memoria no se usa y tampoco se escribe bien, por lo tanto, el cerebro no se estimula completamente, puesto que, estudios han revelado que las palabras por letras fonéticas.
En conclusión, la tecnología nos ayuda a sobrevivir y a ser mejores, sin embargo no podemos permitir que cambie cosas tan importantes como la escritura. "La palabra escrita libero el conocimiento de los límites de la memoria individual"(Carr, 2011, pág.76). Si no queremos quedarnos vacíos entonces tendremos que intercalar la tecnología, con la escritura, evitar que nuestro cerebro se deteriore o que sea una presa fácil de la alienación.
Bibliografía
(2011). Las herramientas de la mente. En N. Carr, Superficiales (págs. 56-77). Bogotá: Taurus.
Medina, D. D. (14 de Mayo de 2012). Clase de Composición Visual.

